
Si nunca has probado los tomates aliñados así… te estás perdiendo uno de los mejores bocados del verano.
Lava, seca y corta los tomates en gajos o en el tamaño que prefieras
Riégalos con un buen aceite de oliva.
Añade la sal en escamas bien repartida
Incorpora el ajo picado por toda la superficie
No metas el tomate en la nevera justo antes de prepararlo. Si está a temperatura ambiente, tendrá mucho más aroma y sabor.
Y otro detalle importante: añade la sal justo antes de servir o poco tiempo antes. Así conseguirás que el tomate conserve mejor su textura y, al mismo tiempo, tendrás ese delicioso jugo en el fondo de la fuente.
¿El resultado? Un plato fresco, sencillo y tremendamente sabroso que funciona como tapa, entrante, guarnición o acompañamiento.
Y cuando hayas terminado los tomates, mira bien el fondo de la fuente…
Porque ese aceite mezclado con el jugo del tomate y el ajo no se come con cuchara. Se moja con pan.