
Una receta estupenda para una comida familiar, una cena especial o para preparar con antelación y disfrutar también al día siguiente.
Pochamos el puerro y la cebolla con un poquito de aceite, sal y las dos pimientas.
Cuando estén bien blanditos, añadimos los champiñones y el vino blanco.
Incorporamos el pollo cocinado y el beicon y dejamos que se cocine todo junto unos minutos.
Añadimos ajo en polvo y hierbas provenzales, mezclamos bien y retiramos del fuego
En un bol batimos los huevos y añadimos la nata y la ricotta. Mezclamos hasta conseguir una crema suave y sin grumos.
Incorporamos el relleno y mezclamos todo bien.
Colocamos la masa quebrada en el molde, acomodándola bien.
Espolvoreamos parmesano por la base y vertemos encima toda la mezcla
Terminamos colocando unos medallones de queso de cabra por toda la superficie.
Horno precalentado a 200 ºC durante unos 30 minutos, o hasta que la quiché esté bien cuajada y doradita.
La dejamos reposar unos minutos antes de desmoldar
El protagonista final es, sin duda, el queso de cabra.
Su sabor ligeramente ácido y su textura cremosa contrastan con el dulzor del puerro, mientras que combina de maravilla con los champiñones y el beicon.
Y hay otro pequeño detalle que no conviene pasar por alto: el parmesano en la base. Parece un gesto sencillo, pero aporta una capa extra de sabor y ayuda a que la masa no quede tan “desnuda” frente a un relleno tan cremoso.
Escurre bien las verduras. Los champiñones y el puerro pueden soltar bastante agua. Si el relleno queda demasiado líquido, la masa puede perder parte de su textura crujiente.
No tengas prisa con el puerro. Un buen pochado a fuego medio es una de las claves para conseguir un sabor más dulce y profundo.
Aprovecha pollo que ya tengas cocinado. Esta receta es perfecta para dar una segunda vida a restos de pollo asado, pollo a la plancha o incluso pollo cocido.
Déjala reposar antes de cortar. Unos 10 minutos serán suficientes para que el relleno se estabilice.