
Una receta sencilla, muy sabrosa y perfecta para cualquier comida especial… o simplemente para disfrutar en casa. La carne queda jugosa, tierna y llena de aroma, mientras que la salsa —suave, cremosa y ligeramente aromática gracias a las hierbas— es de las que obligan a tener pan cerca.
Salpimenta el conejo y dóralo con un chorrito de aceite hasta que esté bien doradito. Retira y reserva.
En el mismo aceite sofríe la cebolla y el ajo con una pizca de sal hasta que estén blanditos.
Añade el vino blanco y deja reducir para que se evapore el alcohol.
Incorpora de nuevo el conejo, el caldo y las hierbas aromáticas. Cocina a fuego medio 30–40 minutos.
Agrega la nata, mezcla bien y cocina 5 minutos más
1. Sella bien el conejo
No tengas prisa al dorarlo. Ese color tostado aporta muchísimo sabor al guiso.
2. Usa buen vino blanco
No hace falta que sea caro, pero sí que sea un vino que beberías. El sabor se concentra en la salsa.
3. Cocina a fuego medio
El conejo necesita tiempo para quedar realmente tierno.
4. Si quieres una salsa más intensa
Puedes triturar parte de la cebolla del guiso antes de añadir la nata.
5. Un toque extra
Unos champiñones salteados o un poco de mostaza suave en la nata le quedan increíblemente bien.